Jugar y aprender …

Si había algo que me gustaba mucho de pequeña era jugar con mis hermanos y mis amigos. Explicar historias, adivinanzas, correr aventuras y celebrarlas compartiéndolas a voz en grito con todos. Tampoco es que haga tanto de esos días (bueno, quizás un poco sí), pero supongo que aunque la oferta lúdica en estos tiempos se ha multiplicado por mil con diferentes opciones, sí puede que haya perdido calidad en el aspecto más humano del juego con “alguien” o de la idea creativa, por decirlo de algún modo. Hoy la sociedad, las tablets, videoconsolas y los móviles han relegado a un segundo plano muchos de los pasatiempos que coparon mis días de infancia y preadolescencia: el escondite, pilla-pilla, veo-veo, puzzles, pintar, libros de elige tu aventura y un larguísimo etcétera. Entretenimientos que aparte de tenerme gran parte de la tarde muerta de risa, con el paso de los años aprecio por lo didácticos que fueron y los valores que en cierto modo, promovieron en la adulta que soy hoy.

Intento de alguna manera, que los peques que me rodean, se queden con algo de lo que yo tuve en ese aspecto. Es difícil desbancar a la tecnología, quizás porque el ritmo de vida no lo permite o porque a nosotros se nos ha olvidado un poco lo buenísimo que era no jugar “solo”. Fue un día de esos en los que yo pretendía hacer algo divertido cuando me tropecé en google con un escape room especial para niños. Uno diseñado exclusivamente para ellos. Me dediqué a indagar. Los escapes son juegos muy buenos, pero … en qué consistía este y qué lo hacía diferente? Os cuento …

La entrada que cliqué me llevó a una página web llamada http://www.emotionescape.com. Y aquí es donde se me abren los ojos como platos o más bien, se me salen un poco de las órbitas: un juego basado en neurociencia, emociones positivas y teoría de las inteligencias múltiples en el que los críos deben resolver pruebas con lógica, creatividad e ingenio. Cómoooooo??? A ver, a ver, espera que sigo. Para niños entre 8 y 14 años, adaptable, monitor en la sala que los acompaña … madre mía, tengo que llamar.

Y así fue como en modalidad Esther, la tata guay, me presenté en Emotion! un domingo por la mañana con los niños para que empezara la aventura. En la sala al despedirme hasta la próxima hora, me dan unos vales de bares y cafeterías donde se aplica un descuento para que te tomes mejor de precio un café o una cerveza mientras esperas, ya que los adultos no se quedan en el local. Este es uno de sus grandes atractivos, los niños lo que quieren es hacer el juego solos y sentirse los protagonistas, lograrlo de manera independiente, así que mejor imposible: empoderamiento para ellos, tregua para mí.

La hora pasa rápida y me dirijo a recogerlos. Los veo salir de la mano, eufóricos, se les atropellan las palabras intentándome explicar que han logrado salir. A continuación, la monitora me enseña personalmente las pruebas que han tenido que hacer, todos los decorados, el recinto y el libro donde si quieren, pueden escribir unas palabras de dedicatoria. Encima además, les dan una pulsera de regalo. Estoy alucinando y no sé si es por cómo calmar a las fieras del subidón que llevan o por todo el trabajazo de Carla y Fede, los creadores. No voy a hacer spoilers porque si escribo este post, aparte de para reconocerles una labor excelente, es para que vayáis. El cariño con el que han pensado esta historia, los detalles, los valores de compañerismo, comunicación, cooperación y las pruebas basadas en desarrollo cognitivo y emocional de los niños superan con creces todas las críticas positivas que pueda hacer yo en google o tripadvisor. Una imagen vale más que mil palabras,  así que de verdad, merece sobradamente la pena ir y descubrirlo in situ.

Carla y Fede son unos profesionales y unos artesanos de los de antes, de esas personas que dedicaban horas y mimo en realizar su trabajo, del acabado impecable que luce sí o sí y cuyo éxito se basa en la faena bien hecha, no en la publicidad masiva y pagada que puedan permitirse grandes empresas. Han apostado por algo en concreto: una historia especialmente diseñada para niños, que si bien es menos rentable que un escape adulto de los que se pueden adaptar a versión infantil, gana en calidad por razones obvias: las modificaciones que precisan los escapes room que son para ambos públicos, muchas veces son forzadas y metidas con calzador, por no hablar de que quizás algunas temáticas incluso pueden ser poco recomendables para según qué edades.

Os enlazo de nuevo su página web y os animo una vez más a que vuestros pequeños jueguen con calidad educativa también. Promoviendo según qué juegos en la infancia, tendremos seguro adultos más felices y emocionalmente sanos.

http://www.emotionescape.com/

Carla y Fede: deseando estoy que iniciéis vuestra tercera andanza. Avisadme que allí volveré a estar. Mil gracias y enhorabuena una vez más, por todo.

 

Y a vosotros, gracias por leerme 🙂

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